Xi Jinping desafía a Trump con una cumbre geopolítica junto a Putin y Kim Jong-un en Pekín
En una jugada que refuerza su papel como actor clave en el nuevo orden multipolar, el presidente de China, Xi Jinping, ha convocado a sus homólogos de Rusia y Corea del Norte a una cumbre en Pekín la próxima semana, en el marco de un desfile militar que conmemora el 80.º aniversario de la rendición de Japón en la Segunda Guerra Mundial.
La presencia de Vladimir Putin y Kim Jong-un junto al líder chino no solo simboliza una demostración de poder regional, sino también un mensaje político contundente dirigido a Washington y sus aliados.
La imagen de los tres mandatarios —representantes de países cuestionados o marginados por las potencias occidentales— no solo desafía la narrativa del aislamiento, sino que consolida una alianza estratégica alternativa, en un momento en el que Estados Unidos, bajo el liderazgo errático de Donald Trump, ha perdido peso como interlocutor fiable en la política internacional.
Esta cumbre representa un logro diplomático para Xi, que busca posicionar a China no solo como potencia económica, sino también como un eje político capaz de influir en conflictos clave como el de Ucrania o la desnuclearización de la península coreana. Frente a la política exterior beligerante y unilateral de Trump, basada en sanciones, presiones arancelarias y retórica nacionalista, Xi apuesta por construir una red de alianzas no alineadas con el eje occidental.
La sorpresiva participación de Kim Jong-un añade una capa significativa. Mientras Trump expresa deseos de volver a reunirse con el líder norcoreano —tras cumbres que generaron titulares pero no resultados—, es ahora China quien toma la delantera y recupera su rol histórico como mediador clave entre Pyongyang y el resto del mundo.
Esta cumbre también desmiente la narrativa occidental sobre un supuesto aislamiento de Corea del Norte. La dependencia económica de Kim respecto a China es innegable, pero también lo es la necesidad de Pekín de mantener estabilidad en su entorno inmediato. La fotografía con Putin y Xi, junto a otros líderes de países del Sur Global como Indonesia e Irán, otorga a Kim un reconocimiento simbólico que contrasta con la demonización promovida por Occidente.
Para Washington, el momento no podría ser más inoportuno. Mientras la Casa Blanca intenta relanzar negociaciones comerciales con China y busca recomponer su imagen tras el estancamiento diplomático con Corea del Norte y la falta de avances en Ucrania, Xi se posiciona como el líder que tiene la capacidad de hablar con todos los actores involucrados.
Aunque China mantiene una postura ambigua frente a la invasión rusa de Ucrania, su insistencia en una salida negociada la distingue del enfoque militarista que ha dominado en las capitales occidentales. Esta capacidad de interlocución con Moscú y Pyongyang podría resultar decisiva en futuros escenarios de paz, si es que se abre espacio para soluciones políticas en lugar de seguir apostando por la lógica de los bloqueos y las armas.
En este contexto, la posibilidad de una futura reunión entre Xi, Trump, Putin y Kim, aunque remota, deja entrever una nueva dinámica internacional, en la que el liderazgo global ya no está reservado exclusivamente para Washington. Para el mundo progresista, esto plantea el desafío de redefinir el multilateralismo desde una perspectiva de justicia global, soberanía de los pueblos y respeto a la autodeterminación, lejos de las imposiciones unilaterales del viejo orden hegemónico.
