La medida se suma a un largo historial de intervenciones unilaterales de Estados Unidos en el extranjero, con antecedentes que han marcado la política internacional desde el siglo XIX.

El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, firmó una orden que faculta al Pentágono a desplegar fuerza militar contra organizaciones latinoamericanas que su administración ha clasificado como “terroristas”, bajo el argumento de combatir el narcotráfico. La disposición abre la puerta a incursiones armadas en territorio extranjero sin mediación de organismos internacionales, reeditando un patrón histórico de intervenciones que ha generado tensiones diplomáticas y cuestionamientos sobre el respeto a la soberanía.

El anuncio se produce semanas después de que, el 21 de junio de 2025, Trump ordenara un ataque contra las instalaciones nucleares de Fordo, Natanz e Isfahán, en Irán, alegando prevenir supuestos atentados contra Israel. La operación, realizada sin aval de Naciones Unidas, elevó el riesgo de una escalada militar en Oriente Medio.

Un historial que se remonta al siglo XIX

Estados Unidos ha recurrido en múltiples ocasiones a acciones armadas en el extranjero con justificaciones similares. En 1856, el llamado “incidente de la tajada de sandía” en Panamá derivó en un tratado que favoreció intereses estadounidenses, franceses y británicos, pese a que el altercado ocurrió en la entonces República de la Nueva Granada.

Más de un siglo después, en 1989, la invasión a Panamá para capturar al general Manuel Noriega, acusado de narcotráfico, dejó cientos de civiles muertos y denuncias de violaciones a los derechos humanos, según organizaciones locales e internacionales.

Intervenciones en nombre del “terrorismo”

En 2003, la invasión a Irak, liderada por George W. Bush, se sustentó en la existencia de armas de destrucción masiva que nunca fueron halladas. El entonces secretario general de la ONU, Kofi Annan, calificó la operación como ilegal, mientras que la población iraquí sufrió miles de bajas civiles y años de ocupación.

En América Latina, el gobierno estadounidense también ha respaldado acciones que alteraron procesos democráticos:

Chile (1973): apoyo financiero y político a sectores golpistas contra Salvador Allende.

Argentina (1976): respaldo a las Fuerzas Armadas durante la dictadura militar.

Granada (1983): invasión para derrocar a un gobierno percibido como aliado de Cuba.

Haití (2004): participación junto a Francia y Reino Unido en la destitución del presidente Jean-Bertrand Aristide.

Riesgos para el derecho internacional

Analistas advierten que, aunque estas operaciones se presentan como misiones de seguridad o defensa de la democracia, evidencian una tendencia a actuar al margen de organismos multilaterales y a intervenir en asuntos internos de otros países. Esto no solo debilita el sistema internacional, sino que deja secuelas políticas y sociales de largo plazo en las naciones afectadas.

La reciente orden de Trump consolida, según especialistas, una política exterior centrada en el uso de la fuerza, en un momento en que el contexto global demanda soluciones diplomáticas y cooperación internacional.

Redacción

Victoria Ricaurte