La reciente captura con fines de extradición del alcalde de Pupiales, Nariño, acusado de integrar una red internacional de narcotráfico, no puede reducirse a un escándalo judicial más. Se trata de un hecho que sacude las bases de la política local y revela el grado de descomposición en las estructuras políticas del país.

Lo sucedido en Pupiales refleja una tendencia peligrosa, es el uso del aparato electoral para legalizar proyectos ilegítimos. Muchas elecciones municipales no se deciden en el debate público ni menos en el respaldo programático, sino en la capacidad de financiar campañas. En esos escenarios, la política deja de ser un instrumento de transformación y se convierte en una fachada.

El futuro inmediato del municipio es incierto. Mientras el alcalde capturado permanecerá por fuera del país bajo proceso judicial, el despacho será ocupado temporalmente por un funcionario que lo reemplaza por vacaciones. Así lo dice un pésimo comunicado de la alcaldía de Pupiales. Luego, el gobernador de Nariño deberá designar un alcalde encargado. No se sabe si habrá elecciones anticipadas, pues no existe aún una condena firme que obligue al relevo definitivo. En ese limbo jurídico y político quedarán las decisiones más importantes del municipio.

Este vacío de poder genera desconfianza ciudadana, debilita la gobernabilidad y al menos no debería poner en riesgo la prestación de servicios básicos. Pero también abre una oportunidad. La crisis puede convertirse en el inicio de una nueva acción pública, si los sectores sociales se organizan para exigir transparencia, fiscalización y garantías democráticas reales. Es hora de que las veedurías ciudadanas, las juntas de acción comunal y los liderazgos comunitarios asuman un papel protagónico.

Pupiales es hoy un símbolo del colapso institucional que ocurre cuando el delito y la institucionalidad sellan un pacto de conveniencia. Pero puede ser también un ejemplo de resistencia si la ciudadanía asume el reto de rescatar la política.

La democracia, que debe ser popular, no se defiende solo en las urnas. Se defiende en la vigilancia constante, en la exigencia ética y en la participación activa. Pupiales merece más que un reemplazo administrativo, necesita una refundación política. La población de Pupiales no debe esperar sino de sí misma y avanzar en el fortalecimiento de una red social que le permita, gobierne quien gobierne, defender sus derechos. De lo contrario vendrán los que celebren lo sucedido como su oportunidad y sobrarán los discursos condenatorios de falsos inmaculados, que condenarán a Pupiales a más de lo mismo.

Redacción

Yohana Urbano