La visita a Ipiales de las ministras de Agricultura y Comercio, junto a la directora nacional del ICA, marca un hito en la construcción de una política de soberanía alimentaria desde el sur. Esta apuesta desde un territorio de frontera, de producción campesina, de economías populares, debe destacarse, ya que durante décadas hemos sido marginados de las grandes decisiones nacionales.

En el encuentro se trazaron líneas de acción concretas para enfrentar una de las amenazas más persistentes para nuestros productores: el contrabando agropecuario, que vulnera los precios justos y desangra la economía local. La entrada irregular de productos como la papa desde Ecuador no solo afecta al campesino nariñense, también revela la falta histórica de un control serio en nuestras fronteras.

Por eso saludamos con esperanza —y con vigilancia activa— las cuatro acciones acordadas:

  1. Fortalecimiento de los controles fronterizos. Ya es hora de asumir con rigor la defensa del producto nacional. El ingreso informal de alimentos, sin normas sanitarias ni condiciones equitativas, no solo destruye el mercado interno, sino que atenta contra la salud pública.
  2. Dinamización de las compras públicas locales. La Ley de Compras Públicas no puede seguir siendo letra muerta. Es inaceptable que las instituciones públicas alimenten a sus comunidades con productos importados, mientras en el campo cercano se pierden las cosechas. Esta medida impulsa los mercados campesinos y reconoce el valor social y cultural del alimento local.
  3. Impulso a la agroindustrialización, con enfoque en la papa. Transformar la papa en harina, snacks o almidones es transformar también la vida del productor. Pasar del producto crudo al valor agregado significa más ingresos, más empleo rural y más dignidad para nuestras comunidades.
  4. Reconversión productiva. El campo nariñense necesita planificación estratégica, acceso a tecnologías sostenibles y acompañamiento técnico real. La reconversión no puede ser sinónimo de sustitución forzosa ni de imposiciones tecnocráticas, sino de transición justa y diálogo con los saberes locales.

Desde Nariño Hoy, respaldamos toda iniciativa que proteja y dignifique al campesinado. Pero también advertimos, estos anuncios deben traducirse en acciones sostenidas, con recursos, tiempos definidos y participación activa de las organizaciones agrarias.

Proteger al productor es una decisión política. Significa garantizar alimentos sanos, precios justos y un país con capacidad de alimentarse a sí mismo. En Ipiales se ha sembrado una semilla. Que florezca dependerá de la voluntad del gobierno, pero también de la presión organizada del pueblo. Defender la soberanía alimentaria no es solo una política, es una forma de justicia.