Un 26 de junio de 1908 nació en Valparaíso Salvador Allende Gossens, médico de profesión y figura emblemática de la izquierda chilena, quien llegaría a convertirse en el primer presidente marxista del mundo elegido democráticamente. Su vida y legado marcaron profundamente el devenir político de Chile durante el siglo XX.

Desde temprana edad, Allende mostró interés por la justicia social, lo que lo llevó a militar en movimientos progresistas hasta fundar el Partido Socialista en 1933. Como diputado, ministro y posteriormente senador, consolidó una carrera parlamentaria comprometida con los sectores más vulnerables del país. En 1970, tras varias candidaturas presidenciales fallidas, fue elegido presidente bajo la coalición de la Unidad Popular, proponiendo una vía pacífica hacia el socialismo.

Su mandato estuvo marcado por profundas reformas estructurales, nacionalizaciones y una creciente polarización política, que culminó en el golpe de Estado del 11 de septiembre de 1973. Ese día, Allende murió en La Moneda defendiendo su gobierno, convirtiéndose en un símbolo de la lucha por la democracia y la soberanía popular. A más de un siglo de su nacimiento, su figura sigue generando debate y reflexión en Chile y el mundo.

Razones que explican por qué el golpe de Estado en Chile tuvo tanto impacto internacional.

El 11 de septiembre de 1973 marcó un antes y un después en la historia de Chile y del mundo. El golpe militar que derrocó al presidente Salvador Allende, encabezado por el general Augusto Pinochet, no solo significó el quiebre de una larga tradición democrática, sino que también se convirtió en un hito de alcance global. Hay al menos cuatro razones que explican por qué sigue siendo tan emblemático.

Primero, la figura de Salvador Allende tuvo un peso simbólico inédito. Fue el primer presidente socialista en llegar al poder mediante elecciones libres, lo que lo convirtió en una figura de respeto y admiración internacional. Su compromiso con la democracia, su defensa de la soberanía nacional y su histórico discurso ante la ONU en 1972, donde denunció la injerencia de las transnacionales, consolidaron su estatura como líder mundial. La forma en que murió, fusil en mano en el Palacio de La Moneda, lo transformó en un mártir para millones.

Segundo, el impacto visual del golpe fue inmediato y devastador. La cobertura de medios internacionales permitió que las imágenes del bombardeo al palacio presidencial, la quema de libros y las detenciones masivas circularan por todo el mundo. La crudeza de esas escenas, muchas veces comparadas con las del fascismo europeo, provocó conmoción, especialmente en Europa, donde la represión chilena fue vista como una amenaza a los valores democráticos universales.

 

Tercero, el golpe catalizó el surgimiento y fortalecimiento de organizaciones de derechos humanos a nivel global. La brutal represión ejercida por la dictadura de Pinochet, que dejó más de 40 mil víctimas entre ejecutados, desaparecidos y torturados, generó una ola de solidaridad internacional sin precedentes. Gobiernos y universidades ofrecieron asilo y refugio, mientras ONG y organismos multilaterales comenzaron a documentar violaciones sistemáticas, sentando las bases del activismo moderno por los derechos humanos.

 

Finalmente, la diáspora chilena multiplicó el impacto del golpe en el mundo. Más de 200 mil personas se exiliaron y muchos de ellos, intelectuales, artistas y militantes, llevaron consigo su lucha. La música de la Nueva Canción Chilena, con exponentes como Víctor Jara, Inti Illimani o Quilapayún, se convirtió en símbolo de resistencia global. Las canciones nacidas del dolor y la esperanza chilena fueron entonadas en distintos idiomas, en múltiples rincones del planeta, manteniendo viva la memoria de un pueblo que se vio forzado a resistir desde el exilio.

Redacción

Yohana Urbano