Trump escala hostilidad contra Cuba en medio de un apagón generalizado que asfixia a la población
Mientras la isla sufre una desconexión total del sistema eléctrico y una crisis humanitaria profundizada por el bloqueo, el mandatario estadounidense afirma que “tiene el derecho” de tomar el control del país caribeño.
En una declaración que desafía los principios de autodeterminación y soberanía nacional, el presidente de los Estados Unidos, Donald Trump, afirmó este lunes desde el Despacho Oval que espera tener el “honor de tomar Cuba” durante su actual mandato. Las palabras del mandatario se producen en un escenario de extrema vulnerabilidad para la isla, donde casi 10 millones de personas permanecen sin energía eléctrica debido al colapso del sistema energético, agravado por la persecución financiera y el bloqueo de combustibles impuesto desde Washington.
“Creo que puedo hacer lo que quiera, si quiere que le diga la verdad”, sostuvo Trump ante los medios, alternando los términos “liberar” y “tomar” para referirse a la nación vecina. Estas declaraciones, lejos de ser gestos diplomáticos, añaden una presión asfixiante sobre un pueblo que hoy no puede refrigerar sus alimentos, carece de bombeo de agua potable y ve paralizada su vida productiva por la falta de crudo.
La crisis energética: un golpe a la vida cotidiana
El colapso del Sistema Electroenergético Nacional (SEN) ha dejado a la población cubana en una situación de indefensión total.
El impacto social es profundo, la suspensión de clases y actividades laborales afecta directamente el futuro de la juventud y el sustento de las familias.
Negociaciones bajo coacción
A pesar de la retórica hostil de Trump, quien asegura que “algo va a pasar muy pronto”, el presidente cubano Miguel Díaz-Canel confirmó que existen canales de diálogo abiertos para buscar soluciones a las diferencias bilaterales. Según reportes, estas conversaciones buscarían aliviar el bloqueo energético de facto que Washington mantiene desde enero, calificando a la isla como una “amenaza excepcional” a su seguridad.
En este contexto de asfixia, el gobierno cubano se prepara para anunciar medidas de apertura económica, permitiendo que la comunidad en el exterior invierta en la isla. Es un intento por atraer capital que frene la sangría migratoria que ya ha desplazado al 20% de la población, principalmente jóvenes que huyen de una crisis que combina problemas de gestión interna con una política de cerco internacional que golpea, sobre todo, a los más humildes.