El que se considera el dueño del mundo, tiene a la isla al borde del colapso logístico. Amenaza con aumento de aranceles a todos los países que le suministren petróleo a la isla.

El gobierno de Donald Trump toma medidas, que buscan el estrangulamiento económico total, impactan directamente en la calidad de vida de las familias cubanas, que hoy ven cómo actividades esenciales como el transporte, la generación eléctrica y la producción de alimentos se detienen ante la falta de energía.

En las calles de La Habana, la crisis no es una cifra macroeconómica, sino una lucha de resistencia. Las estaciones de servicio se han convertido en escenarios de esperas interminables. El sistema de turnos digitales, diseñado para organizar la escasez, ya registra esperas de más de un mes para miles de taxistas y transportistas que dependen del crudo para sustentar a sus familias.

Una acción imperial

El trasfondo de esta crisis se agravó tras la intervención militar estadounidense en Venezuela y la reciente parálisis de los envíos desde México debido a las presiones de Washington sobre el gobierno de Claudia Sheinbaum.

El impacto de estas decisiones diplomáticas recae sobre la infraestructura pública: el sistema de salud, el abasto de agua y el transporte colectivo están bajo amenaza de parálisis total. Expertos advierten que Cuba solo cuenta con reservas para los próximos 15 a 20 días, un margen que pone en riesgo la estabilidad mínima de los hogares.

Desde el ámbito humanista, se observa con preocupación cómo la retórica de “asfixia total” promovida por sectores políticos en Miami y Washington ignora el sufrimiento de la población civil. Mientras el secretario de Estado, Marco Rubio, asegura que no se busca un cambio de régimen por la fuerza, la realidad en el terreno muestra una tragedia colectiva que vulnera el derecho al acceso a servicios básicos.

Incertidumbre y resistencia en la comunidad

La situación también fractura a la comunidad transnacional. En Miami, familiares de cubanos viven con el temor de que el corte de energía impida la comunicación o el envío de ayuda básica a sus seres queridos. Voces dentro del exilio señalan que estas políticas afectan a los ciudadanos de a pie.

A pesar de la oscuridad y los cortes que han llegado a afectar incluso eventos culturales y hospitales, el tejido social cubano intenta mantener la normalidad. Sin embargo, el sentimiento de estupor crece ante la posibilidad de que la isla quede completamente desconectada en las próximas semanas si no se garantiza un corredor humanitario o un alivio a las sanciones que pesan sobre el sector energético.

Redacción

Victoria Ricaurte