Una reflexión necesaria.
Veo con sorpresa, pero también con profunda preocupación, la realización de unos Juegos Departamentales que, lejos de representar un avance para el deporte en Nariño, pasaron sin pena, sin gloria y, sobre todo, sin dejar un legado tangible para atletas, entrenadores y ligas.

Evidentemente, estos juegos no dejaron mejorías en los escenarios deportivos. No dejaron infraestructura, no dejaron procesos y no dejaron proyección. Lo que sí dejaron fue una secuencia de errores que merece una reflexión pública y honesta.

Primero, resulta legítimo preguntarse:
¿qué sentido tiene organizar unos Juegos Departamentales en categorías mayores o libre, cuando estos deportistas deberían estar compitiendo en torneos nacionales de clasificación y consolidación deportiva?

¿No sería mucho más coherente realizar juegos departamentales en divisiones menores, orientados a la masificación, la formación y la detección de talentos, que son la verdadera base del desarrollo deportivo?

Segundo, preocupa profundamente el gasto irresponsable de recursos públicos en conciertos y celebraciones, mientras los escenarios deportivos del departamento se encuentran en estado crítico.

¿Era realmente necesaria semejante fiesta y derroche, cuando los coliseos se caen a pedazos, se han convertido en espacios insalubres, y no cumplen con las mínimas condiciones para la práctica deportiva digna?

Da la impresión de que el evento respondió más a la necesidad de protagonismo y autopromoción de la administración de turno, que a un proyecto serio de desarrollo deportivo. A esto se suma la complacencia de un sector de la prensa deportiva que, con silencio cómplice, ignora el abandono sistemático de la infraestructura deportiva del departamento.

Tercero, ¿cómo pueden beneficiar estos juegos al deporte nariñense si no existe una verdadera estrategia de masificación, ni una adecuada dotación de implementos? Implementación que, paradójicamente, muchas ligas no pueden adquirir porque el departamento de contratación —ajeno a la realidad del deporte— niega o desconoce las necesidades técnicas de cada disciplina.

Surge entonces una pregunta inevitable:
¿Cuál fue la verdadera intención de realizar unos Juegos Departamentales apresurados, con poca planificación y mínima trascendencia deportiva?

Todo parece indicar que el foco estuvo más en el panorama político que en ofrecer soluciones reales y estructurales al deporte del departamento.

Señor Gobernador ¿cuándo se va a intervenir el gimnasio de levantamiento de pesas? Hoy está en ruinas, deteriorándose cada día más. ¿Cuál ha sido la solución concreta que se les ha dado a las ligas deportivas tras el cierre del coliseo Sergio Antonio Ruano?

Realizar un evento de alto costo sin atender las necesidades básicas para la correcta práctica del deporte no es solo una mala decisión, es un acto de irresponsabilidad. Es comparable a un padre de familia que se gasta el dinero del arriendo y del mercado en una fiesta, dejando a su hogar sin lo esencial. Ese es, lamentablemente, el nivel de descuido y olvido hacia las verdaderas soluciones que el deporte de Nariño necesita.

Esta no es una crítica por criticar. Es una reflexión nacida desde el trabajo diario con los deportistas, desde los escenarios deteriorados y desde la convicción de que el deporte no se construye con eventos, sino con procesos, infraestructura y respeto por quienes lo sostienen.

Redacción

Columnista