La Argentina vive días de alta tensión política y social mientras el presidente Javier Milei enfrenta su momento más crítico desde que asumió el poder en 2023.

Entre acusaciones de corrupción que salpican a su círculo íntimo, una fuerte caída en los índices de confianza pública y un acto de campaña interrumpido por protestas masivas, el gobierno ultraderechista tambalea a las puertas de una nueva contienda electoral.

Este miércoles, Milei debió ser evacuado de urgencia durante un mitin en la provincia de Buenos Aires tras un episodio de violencia política que expuso la creciente indignación social. Manifestantes arrojaron piedras y gritaron consignas contra el mandatario, en una escena que refleja el descontento popular con un gobierno que ha priorizado los recortes presupuestarios y el ajuste económico sobre los derechos sociales y laborales.

Aunque el presidente atribuyó el ataque a sectores del kirchnerismo, el incidente se produce en medio de una tormenta política que golpea directamente a su administración. Un reciente informe de la Universidad Torcuato Di Tella reveló que la confianza en su gestión cayó un 13,6 % en solo un mes, marcando un desplome significativo en el respaldo ciudadano.

El golpe más fuerte llegó con la filtración de audios en los que se vincula a Karina Milei —hermana del presidente y figura clave en su gobierno— con una supuesta red de sobornos en la Agencia Nacional de Discapacidad (Andis). En las grabaciones, el exdirector del organismo, Diego Spagnuolo, asegura que Karina recibía “el 3 %” de los pagos vinculados a la compra de medicamentos, y que el propio presidente estaba al tanto del mecanismo.

Lejos de asumir responsabilidades o pedir una investigación transparente, Milei optó por la negación y el ataque, acusando a sus adversarios de orquestar una campaña sucia. Sin embargo, la justicia federal ya ordenó una serie de allanamientos y la incautación de teléfonos, mientras crece la presión social para que se esclarezca el caso.

El escándalo de la Andis estalló pocos días después de que el Congreso desafiara al Ejecutivo: la Cámara Baja anuló un veto presidencial que impedía declarar la emergencia en discapacidad, y el Senado rechazó nuevos decretos que recortaban partidas esenciales, mientras aprobaba aumentos en salud y educación pública. Estas derrotas legislativas revelan un aislamiento político que se acentúa con el paso de los meses.

El analista Andrés Malamud fue categórico: desde abril, Milei ha perdido 16 de las 17 votaciones en el Congreso. “El daño es todo autoinfligido”, sentenció. Esta debilidad política se refleja también en los mercados: el riesgo país escaló a niveles que complican la posibilidad de acceder a financiamiento externo, agravando el escenario para el pago de la deuda y la continuidad de su agresivo plan de ajuste.

Además, su imagen pública ha sufrido un deterioro profundo. En solo seis semanas cayó ocho puntos, y hoy ocupa el tercer lugar en intención de voto detrás del gobernador bonaerense Axel Kicillof y la expresidenta Cristina Fernández de Kirchner, líderes de la oposición peronista.

Un sondeo reciente reveló que el 62,5 % de la ciudadanía cree que los audios filtrados evidencian corrupción real, frente a un 32,8 % que considera que se trata de una operación política, en línea con la versión oficial. La Libertad Avanza, el espacio político que encabeza Milei, ya comienza a reducir sus expectativas de cara a las elecciones provinciales del 7 de septiembre y las legislativas del 26 de octubre, mientras insiste con teorías de fraude electoral y denuncias infundadas sobre el sistema de votación.

Desde el progresismo, estos hechos confirman lo que ya era evidente: el modelo autoritario, personalista y neoliberal de Milei no solo carece de sensibilidad social, sino que ahora también comienza a mostrar las fracturas éticas de un gobierno que llegó prometiendo “libertad” pero está cada vez más encerrado en su propio laberinto.

Redacción

Victoria Ricaurte