El secretario de Estado de Estados Unidos ha confirmado el despliegue de tropas en el mar Caribe con el argumento de combatir el narcotráfico en América Latina.

En sus declaraciones, volvió a señalar a Venezuela como una supuesta “amenaza a la seguridad nacional”, calificando al gobierno de Nicolás Maduro como una “organización criminal”, sin ofrecer evidencia clara ni reconocer la soberanía del país.

Este tipo de intervenciones militares unilaterales en aguas internacionales reflejan una preocupante estrategia de agresión y desestabilización, que recuerda las prácticas más oscuras del intervencionismo estadounidense en América Latina. Más que una acción para combatir el narcotráfico, esta operación parece formar parte de una agenda geopolítica que ignora los caminos del diálogo, la cooperación regional y el respeto a la autodeterminación de los pueblos.

En lugar de imponer su poderío militar, Estados Unidos debería trabajar con los países de la región en políticas integrales que aborden las causas estructurales del narcotráfico, como la desigualdad, la exclusión social y la corrupción, muchas veces alimentadas por dinámicas del propio sistema económico global.

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Redacción

Victoria Ricaurte