El Congreso y la hipocresía de los culpables o cómplices
La instalación de las sesiones del Congreso de la República volvió a exponer una triste realidad, los políticos de los grupos que durante décadas han controlado el país y se han enriquecido a costa del patrimonio público, robando con actos de corrupción en las regiones o aprobando leyes que sólo sirven a sus patrocinadores, ahora pretenden erigirse en defensores de unas instituciones a las que ellos mismos han vaciado de sentido, dignidad y justicia.
Los discursos pronunciados a nombre de las bancadas de culpables de los males nacionales fueron abundantes en términos como la defensa de la democracia, el respeto a la institucionalidad y el cumplimiento del orden constitucional, pero estuvieron completamente carentes de memoria y autocrítica. Convenientemente olvidan que son precisamente ellos y sus aliados quienes por décadas han gestionado este país como si fuese un botín privado, saqueando sin límites recursos que deberían destinarse al bienestar del pueblo colombiano y convertido la política en la habilidad de enriquecerse a costa de la vida de millones de compatriotas, gozando de impunidad.
La salud pública es quizás el ejemplo más indignante y revelador. Durante años, políticos tradicionales, muchos de ellos aún sentados en esas curules, protegieron y se beneficiaron del robo sistemático de los recursos destinados a la salud de millones de colombianos. Pero ahora, cuando el sistema colapsa debido a la corrupción que ellos mismos alentaron y permitieron, tienen la osadía de exigir resultados inmediatos al gobierno Petro, que en tres años hace todo para corregir décadas de saqueo y abuso.
La instalación del Congreso mostró una oposición enfurecida, carente de honor y respeto, insultando a gritos, desesperada porque siente amenazada la continuidad de los negocios multimillonarios y corruptos que por años han beneficiado a sus patrocinadores económicos. Este espectáculo vergonzoso no es más que el reflejo de su verdadera naturaleza, defienden intereses privados disfrazados de preocupación pública, son comisionistas y no congresistas, son tramitadores ilegales y no voceros de la comunidad.
Es tiempo ya de decirle claramente a Colombia quiénes son los responsables de tanto dolor, injusticia y pobreza. Es hora de quitarle la máscara a estos delincuentes de cuello blanco que han desangrado al país mientras posan falsamente como “honorables congresistas”. Los ciudadanos merecen saber quién se ha robado su futuro, quién ha construido su riqueza sobre las carencias de los más humildes.
Es la hora de exigir justicia, de reconocer que detrás de esos discursos hipócritas se esconden los verdaderos responsables de la crisis social, económica y ética que vive el país.
Por que la reivindicación de los derechos del pueblo colombiano pasa necesariamente por desenmascarar a quienes, desde la comodidad del poder, siguen saboteando todo intento de justicia social, arrebatando el futuro a las mayorías nacionales.