La decisión de Washington de imponer un arancel del 50 % a todas las importaciones brasileñas desata una escalada comercial sin precedentes entre ambos países.

La guerra comercial entre Brasil y Estados Unidos entró en una nueva fase tras el anuncio del presidente Luiz Inácio Lula da Silva de aplicar aranceles recíprocos contra productos estadounidenses, en respuesta a la decisión del presidente Donald Trump de castigar con un 50 % de gravamen a todas las exportaciones brasileñas.

La medida de Washington, que entrará en vigor el 1 de agosto, se produce como represalia por el juicio abierto contra el expresidente Jair Bolsonaro, acusado de liderar un complot para desconocer los resultados de las elecciones de 2022. Trump calificó el proceso judicial como una “caza de brujas” y justificó los aranceles como una defensa de la “libertad de expresión” y del que considera su aliado político en Sudamérica.

“Brasil es un país soberano con instituciones independientes que no aceptará ser abusado por nadie”, afirmó Lula en un mensaje publicado en la red X, en el que invocó la Ley de Reciprocidad Económica aprobada en abril pasado para responder a medidas comerciales unilaterales.

El presidente brasileño señaló que la aplicación de esta norma permitirá adoptar contramedidas “proporcionales al impacto económico causado”, y reiteró que el juicio contra Bolsonaro es competencia exclusiva del Poder Judicial. “La soberanía, el respeto y la defensa irrestricta de los intereses del pueblo brasileño son los valores que guían nuestra relación con el mundo”, afirmó Lula.

Golpe arancelario y consecuencias económicas

El arancel del 50 % representa la sanción comercial más severa anunciada por Trump en su nueva ofensiva proteccionista, y supera ampliamente los gravámenes del 20 % al 40 % impuestos a otros 21 países. La decisión afectará sectores clave de exportación brasileña como el café, el zumo de naranja, el hierro y productos agroindustriales.

Tras el anuncio, el real brasileño se depreció un 2 %, situándose en 5,56 por dólar, y la Bolsa de São Paulo cayó un 1,3 %, reflejo del nerviosismo en los mercados. Estados Unidos es el segundo socio comercial de Brasil, con un intercambio bilateral que en 2024 superó los 92.000 millones de dólares, y un superávit sostenido para EE. UU. que ronda los 410.000 millones de dólares acumulados en los últimos 15 años.

En su carta oficial, Trump arremetió también contra el juez del Supremo Tribunal Federal, Alexandre de Moraes, quien supervisa el caso contra Bolsonaro. El mandatario estadounidense acusó a Brasil de imponer “órdenes de censura secretas e ilegales” contra plataformas tecnológicas de su país y anunció una investigación comercial por “prácticas desleales en comercio digital”.

Reacciones diplomáticas y advertencias mutuas

La Cancillería brasileña convocó dos veces al encargado de negocios de la Embajada de EE. UU., Gabriel Escobar, para exigir explicaciones sobre la carta de Trump y confirmar su autenticidad. Una vez verificada, el Gobierno brasileño rechazó formalmente la misiva, calificándola de “ofensiva” y “basada en informaciones falsas”.

Lula fue enfático al afirmar que el país no aceptará injerencias externas. “¿Vamos a permitir que nos digan a quién podemos juzgar? El mundo ha cambiado. No queremos un emperador”, sentenció. También advirtió que Brasil responderá a cualquier nuevo arancel con una medida proporcional.

Trump, por su parte, insistió en que el proceso contra Bolsonaro debe ser suspendido, y reiteró su apoyo al exmandatario brasileño, quien enfrenta cargos por conspiración, intento de golpe de Estado y hasta un presunto plan de asesinato contra líderes políticos, incluido el propio Lula.

Contexto geopolítico y próximos escenarios

El conflicto ocurre en un momento delicado, mientras Brasil lidera la cumbre de los BRICS en Río de Janeiro y avanza en las negociaciones del Mercosur con la Unión Europea. El bloque emitió una declaración crítica, aunque sin nombrar a Trump, sobre “la proliferación de medidas comerciales restrictivas”.

La confrontación entre Lula y Trump añade un nuevo elemento de tensión global, con implicaciones tanto económicas como diplomáticas. El Gobierno brasileño evalúa las áreas de impacto y prepara una lista de productos estadounidenses que podrían ser objeto de aranceles, en sectores sensibles como tecnología, farmacéutica y alimentos procesados.

Mientras tanto, Bolsonaro permanece procesado y políticamente inhabilitado, y espera una sentencia del Supremo Tribunal Federal prevista para septiembre. Trump, en campaña electoral, ha convertido su defensa en una causa común con la del líder brasileño, reforzando los lazos con el bolsonarismo y escalando su estrategia de presión internacional mediante herramientas comerciales.

Redacción

Victoria Ricaurte