Nariño Hoy | La ciudad fronteriza, emblema del comercio y la cultura binacional, hoy se debate entre el miedo y la frustración. Una serie de hechos violentos, repetidos y cada vez más alarmantes, mantienen en vilo a sus habitantes. Hablamos de asesinatos selectivos, amenazas, atracos, y balaceras que alteran la cotidianidad y siembran temor.

Todo apunta a que los actos más violentos tienen relación con enfrentamientos entre bandas delincuenciales que disputan el control de economías ilegales. Pero la falta de una respuesta institucional efectiva ante esta realidad resulta más que preocupante.

Sin alternativas claras, la ciudadanía vive con la amarga sensación de estar abandonada a su suerte. Y lo más grave es que esta crisis de seguridad no ocurre en un vacío político, ocurre en un municipio donde los problemas de servicios básicos se mantienen, y los enfrentamientos entre políticos, abiertos o soterrados, no dan margen a un acuerdo municipal que coloque a todas las fuerzas al lado de Ipiales, de su gente, independiente de los grupos a que se pertenezca y los señalamientos que se hagan.

El alcalde Amílcar Pantoja, elegido con una votación sin precedentes, está desperdiciando su capital político en batallas menores. En lugar de liderar con firmeza y empatía, se ha sumido en peleas innecesarias, como la que mantiene con un concejal que pretende ejercer control político y hacer denuncias.

Mientras las balas suenan en los barrios y los robos se miran en el centro, la alcaldía y su entorno se dedican en redes sociales a buscar aplausos y reconocimientos planificados y a responder con ataques personales a quienes los cuestionan. La política se reduce al lamboneo o al agravio, y el poder se ejerce con vanidad en lugar de responsabilidad.

Este escenario de violencia armada que se entrelaza con la violencia simbólica y verbal, puede ser devastador para Ipiales. Por eso es urgente que alguien con sensates asuma la convocatoria a un acuerdo municipal que evite la resignación ciudadana, el desprestigio institucional y el imperio del crimen organizado.

Hoy más que nunca, la frontera sur de Colombia exige atención urgente del Estado en su conjunto. No se puede permitir que la entrada al país se convierta en un corredor de miedo y abandono. La seguridad ciudadana, los servicios públicos y la gobernabilidad no pueden seguir esperando mientras los liderazgos locales se pierden en el ruido de su propio ego.

Ipiales merece más. Merece vivir sin miedo en las calles y con agua en las casas. Merece una política que le sirva, no que se sirva de ella.